
La Distancia Recorrida en el Fútbol No Mide el Esfuerzo: Por Qué Engaña
Los kilómetros por partido son la métrica más citada del fútbol y la que menos dice del esfuerzo. Por qué engañan a los entrenadores y qué medir en su lugar.
Escrito por
João Araújo
Profesor de Educación Física (FADEUP – Universidad de Oporto) · Entrenador de Fútbol Sala – Nivel II · Licencia UEFA B · Máster en Educación Física
15 años vinculado a la Educación Física en el ámbito escolar, 20 años al entrenamiento de fútbol sala en categorías de formación y 5 años como entrenador de fútbol. Jugador federado y amateur de fútbol y fútbol sala.
La distancia total recorrida es la estadística más inútil a la que el fútbol le tiene cariño. Sale en la retransmisión del descanso, aparece en los informes de clubes modestos que se han comprado chalecos GPS y se cita en el vestuario como prueba de quién “lo ha dado todo”. Y no dice casi nada del esfuerzo real de un jugador.
No digo que el dato sea falso. Es preciso. El problema es lo que se concluye a partir de él. Un interior que hace 11,8 km no ha trabajado necesariamente más que un central que ha hecho 9,4 km. Puede haber trabajado bastante menos.
Y esto importa, porque hay entrenadores tomando decisiones de convocatoria, de carga y hasta de carácter en base a este número.
Lo Que Dice Todo el Mundo (y Por Qué Se Equivoca)
La lógica habitual es sencilla: más kilómetros, más trabajo, más compromiso. Un jugador que corre 12 km “no se esconde”. Uno que corre 9 km “está paseando”.
El problema empieza en la composición de esos kilómetros. En un partido profesional, cerca del 70% de la distancia total se hace andando o trotando, por debajo de 14 km/h. Los esfuerzos que realmente cansan, esprints, aceleraciones, frenadas bruscas, cambios de dirección, suponen una parte pequeña de la distancia pero una parte enorme del coste fisiológico. Dos jugadores pueden hacer los mismos 10 km y haber jugado partidos totalmente distintos: uno hizo 600 metros por encima de 20 km/h, el otro 150.
Luego está la posición. El interior recorre más distancia total porque su rol le obliga a moverse entre líneas en casi todas las fases del juego. El central recorre menos porque juega en un espacio más corto. Pero el central hace decenas de aceleraciones y frenadas cortas, duelos aéreos y cambios de dirección que la distancia total no capta. Las frenadas, en concreto, están entre las acciones con mayor carga mecánica sobre músculos y tendones, y apenas se reflejan en los kilómetros.
Y está el modelo de juego. Los equipos que pasan más tiempo sin balón corren más. El Atlético de Madrid de Simeone apareció durante años en lo alto de las tablas de distancia en partidos en los que tenía mucha menos posesión. Un equipo que controla el balón hace correr al rival. En los estudios sobre ligas europeas, la relación entre distancia total y ganar partidos es, como mucho, débil. En algunos análisis es incluso ligeramente negativa.
Así que el jugador que “más corre” puede simplemente estar jugando en una posición que exige más desplazamiento, en un equipo que pasa más tiempo sin balón, a un ritmo que no le cansa tanto.
Lo Que Muestran los Datos y la Experiencia
Durante media temporada colaboré con un club de Segunda Federación que acababa de invertir en chalecos GPS. En la tercera jornada, el entrenador sacó del once al extremo derecho. Motivo: era sistemáticamente el jugador de campo con menos distancia total de la plantilla, unos 8,9 km. “No trabaja”, fue la explicación.
Cuando miramos los datos completos, la historia era otra. El extremo era el jugador con más distancia por encima de 25 km/h por partido, con más esprints y con más aceleraciones por encima de 3 m/s². Hacía poca distancia total porque se quedaba abierto y quieto esperando el momento de atacar la espalda de la defensa, que era justo lo que el modelo de juego le pedía. Cuando atacaba, lo hacía a tope.
El jugador que le sustituyó hizo 10,3 km en el partido siguiente. Y tres esprints. El equipo dejó de amenazar al espacio y el entrenador, dos jornadas después, rectificó.
La conclusión práctica no es tirar el GPS. Es dejar de mirar la primera línea del informe. Los indicadores que dicen más sobre el esfuerzo son la distancia a alta intensidad (por encima de 19,8 km/h), la distancia en esprint (por encima de 25 km/h), el número de aceleraciones y deceleraciones intensas y, sobre todo, la carga interna: cómo respondió el jugador a todo eso.
Por eso, en clubes sin GPS, no recomiendo intentar adivinar la distancia. Tiene más sentido registrar lo que hizo el jugador con balón y sin él. Uso la herramienta de Estadísticas de Fútbol de SportsLabTools para cruzar recuperaciones, duelos ganados y acciones ofensivas por jugador, y ese cuadro le enseña a la plantilla quién está influyendo en el partido, no quién está acumulando metros.
La Carga Interna Es lo Que Falta en la Conversación
Incluso con los indicadores correctos de carga externa, falta la mitad de la ecuación. El mismo esprint cuesta cosas distintas a jugadores distintos, y al mismo jugador en semanas distintas. Un jugador que ha dormido 5 horas después de un turno de noche en el trabajo va a sentir 6 km de manera muy diferente a un compañero que ha dormido 8.
La forma más sencilla y validada de medirlo es la sRPE: la percepción de esfuerzo del jugador (escala de 0 a 10) multiplicada por los minutos jugados. Un jugador que juega 90 minutos con RPE 8 tiene una carga de 720 unidades arbitrarias. Uno que juega 90 con RPE 5 tiene 450. Parece rudimentario. Pero se correlaciona bien con medidas más sofisticadas de carga interna, como la frecuencia cardiaca, y no cuesta nada.
No tengo claro que la sRPE funcione igual de bien con jugadores muy jóvenes, que tienden a responder de forma menos consistente. Con senior, a partir de tres o cuatro semanas de registro, los patrones son muy fiables.
¿Por Qué Sigue Mandando el Número?
Si la distancia total dice tan poco, ¿por qué sigue siendo la primera línea de todos los informes? Tengo tres explicaciones. Ninguna es científica.
La primera es que se entiende fácil. Todo el mundo sabe lo que es un kilómetro. Explicarle a un director deportivo qué es una deceleración por encima de 3 m/s² cuesta. El número sencillo siempre le gana al número útil cuando el público no es técnico.
La segunda es que confirma lo que ya pensamos. El entrenador que cree que un jugador es vago encuentra en la distancia total la prueba que buscaba. El que cree que otro es un guerrero, también. Casi nadie abre un informe buscando que le lleven la contraria.
La tercera es la más peligrosa. Cuando los jugadores saben que se evalúa la distancia, empiezan a jugar para ella. He visto a un mediocentro hacer carreras sin sentido en los últimos diez minutos de un partido ya resuelto, solo para subir en el ranking interno de la plantilla. Corrió más, ayudó menos y llegó al martes con más fatiga de la necesaria. Cuando una métrica se convierte en objetivo, deja de medir aquello para lo que se creó.
Por eso mi postura aquí es tajante: la distancia total no debe compartirse con la plantilla como indicador de compromiso. Nunca. Si se comparte, que sea con contexto, junto a las métricas de intensidad, y siempre comparando dentro de la misma posición.
Cuándo Sigue Sirviendo la Distancia Total
Sería deshonesto decir que el dato no sirve para nada. Sirve en al menos tres situaciones.
Comparar a un jugador consigo mismo. Si un mediocentro suele hacer 10,5 km y baja a 8,7 km en tres partidos seguidos, en la misma posición y con el mismo modelo de juego, algo ha cambiado. Puede ser fatiga acumulada, puede ser una lesión que todavía no ha aparecido. El valor absoluto no importa. La variación individual sí.
Controlar el volumen del entrenamiento. En sesiones de pretemporada, conocer la distancia total ayuda a que el volumen no se dispare de una semana a otra. Ahí, como medida de volumen y no de esfuerzo, cumple.
Vuelta tras lesión. En la fase final de un protocolo de readaptación, la distancia total es una de las referencias para saber si el jugador ya tolera el volumen de un partido. Pero nunca sola: tiene que ir acompañada de las métricas de alta intensidad.
Fuera de estos contextos, la distancia total es casi siempre una métrica de vanidad. Queda bien en un gráfico. No ayuda a decidir.
Consulta también: Datos GPS en el Fútbol: Zonas de Velocidad y Distancia para Optimizar el Entrenamiento: cómo configurar las zonas de velocidad que de verdad cuentan.
Si tu club tiene chalecos GPS, pídele al preparador físico que oculte la distancia total del informe durante un mes. Mira solo alta intensidad, esprints, aceleraciones y sRPE. Descubrirás que algunos jugadores que creías vagos son los que más trabajan, y que algunos maratonianos se pasan el partido trotando. La distancia total no mide el esfuerzo. Mide el desplazamiento. Confundir las dos cosas cuesta decisiones equivocadas cada semana.
Mide lo que siente tu jugador, no solo lo que recorre. Usa el Diario del Atleta de SportsLabTools para registrar la sRPE después de cada partido y entrenamiento.
*Este relato parte de un caso real, pero se ha preservado la identidad de las personas y del club, y algunos detalles del contexto se han recreado con fines ilustrativos.*
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