
Mi Hijo Quiere Dejar el Fútbol: Guía para Padres
Un padre me preguntó si obligar a su hijo a terminar la temporada de fútbol o dejarle parar ya. La respuesta honesta y las preguntas que hacer antes de decidir.
Escrito por
João Araújo
Profesor de Educación Física (FADEUP – Universidad de Oporto) · Entrenador de Fútbol Sala – Nivel II · Licencia UEFA B · Máster en Educación Física
15 años vinculado a la Educación Física en el ámbito escolar, 20 años al entrenamiento de fútbol sala en categorías de formación y 5 años como entrenador de fútbol. Jugador federado y amateur de fútbol y fútbol sala.
Recibí esta pregunta de un padre de un chico de 13 años, hace dos semanas: “Mi hijo juega al fútbol desde los 6 y el jueves me dijo, en el coche de vuelta a casa, que quiere dejarlo. No sé si obligarle a terminar la temporada o dejarle parar ya. Me da miedo equivocarme en los dos sentidos.” Es una de las preguntas más difíciles que me hacen, porque no hay una respuesta correcta que sirva para todos los chavales, y porque la decisión dice tanto del padre como del hijo.
Te voy a dar la forma en que yo lo pienso, con la salvedad de que no te conozco ni conozco a tu hijo, y cualquier consejo a distancia vale lo que vale.
¿Es Cansancio de Final de Temporada o Ganas Reales de Irse?
Lo primero que hay que separar es el momento. Un chaval que dice “quiero dejarlo” en febrero, a mitad de una temporada larga, al final de una semana con examen en el colegio y derrota el domingo, no te está diciendo necesariamente lo mismo que uno que dice la misma frase en septiembre, fresco, después de unas vacaciones. El primero puede estar solo saturado. El segundo puede tener una decisión pensada.
Frases que suelen indicar cansancio pasajero: “estoy harto”, “hoy no me apetece”, “los entrenamientos son un rollo”. Frases que suelen indicar algo más de fondo: “no me divierto desde hace meses”, “no me gusta estar ahí”, “prefiero estar haciendo otra cosa”. La diferencia entre “hoy” y “desde hace meses” es la información más útil que vas a sacar de una conversación.
(No tengo una fórmula perfecta para esto. He visto chavales que “querían irse de verdad” pidiendo volver a jugar cuatro meses después, y he visto padres arrastrar a un hijo dos temporadas más y arrepentirse. Lo que sigue funcionó en la mayoría de los casos que seguí de cerca, no en todos.)
¿Debo Obligarle a Terminar la Temporada?
Mi inclinación, en la mayoría de los casos, es sí, pero con una condición. Cumplir un compromiso asumido con un equipo, llegar hasta el final de algo que se empezó, es una lección que vale la pena, y el fútbol de formación es un sitio relativamente seguro para aprenderla. Un equipo cuenta con él, los compañeros cuentan con él, e irse a mitad deja a los demás con uno menos.
La condición es esta: obligarle a terminar solo tiene sentido si la experiencia no le está haciendo daño. Si va a los entrenamientos infeliz pero funcional, cabreado pero jugando, se termina la temporada y se decide en junio con la cabeza más fría. Si empieza a tener dolores de barriga los domingos por la mañana, a llorar antes de los partidos, a empeorar en otras áreas de la vida, ahí “terminar la temporada” deja de ser una lección de responsabilidad y pasa a ser solo sufrimiento con fecha marcada. En ese caso, no insistas.
¿Y Si el Problema Es el Entrenador, los Compañeros o el Banquillo?
Antes de aceptar el “quiero dejar el fútbol” como algo sobre el fútbol, vale la pena comprobar que no sea algo sobre una persona. Muchos abandonos a los 12, 13, 14 años no son desinterés por el juego. Son un entrenador que grita demasiado, un grupo que lo ha dejado fuera, o la frustración de pasar tres meses en el banquillo sin entender por qué.
La forma de verlo sin interrogatorio es pedirle que escriba, durante dos o tres semanas, cómo se siente antes y después de cada entrenamiento y cada partido, y qué pasó ese día. Si fuera yo, usaría la herramienta Diario del Atleta de SportsLabTools para eso, porque el chaval lo rellena en medio minuto y a las dos semanas ves si la infelicidad está repartida por todo o concentrada en días y situaciones concretas. “Odio esto” es difícil de discutir. “Me siento mal siempre que me cambia a los 20 minutos” ya es un problema concreto, y los problemas concretos a veces se arreglan con una conversación con el entrenador.
¿Cómo Hablo Con Él Sin Cerrar la Puerta?
Tres cosas que ayudan en esa conversación:
Primero, escucha más de lo que respondes. La tentación es argumentar enseguida (“pero si te encanta el fútbol”, “te vas a arrepentir”). Eso le enseña a no contarte las cosas. Pregunta qué cambió, desde cuándo, y qué haría falta para volver a disfrutarlo.
Segundo, saca tu propio deseo de la ecuación, o al menos reconócelo en voz alta. Muchos padres quieren que el hijo siga por razones que son suyas: la inversión de años, el sueño de verlo jugar más arriba, la rutina social alrededor del equipo. No hay nada de malo en tener esos deseos, pero el chaval los nota, y si su decisión se mezcla con tu decepción, es más difícil para los dos.
Tercero, ofrece una pausa antes de una salida definitiva. “Termina la temporada y en verano no haces nada de fútbol. En septiembre decides sin presión.” Muchos chavales que paran así vuelven. Los que no vuelven, al menos se han ido por una decisión pensada, no por un jueves malo en el coche.
Si termina la temporada y siguen las dudas sobre la carga, pídele al entrenador mirar juntos el calendario y los minutos previstos hasta el final. Una conversación de diez minutos sobre la herramienta de Planificación de SportsLabTools, viendo cuántos partidos y entrenamientos quedan y cómo están repartidos, muchas veces convierte un “no aguanto más esto” en un “vale, son solo seis semanas más y luego paro si quiero”.
Consulta también: ¿Su Hijo Está en el Banquillo en el Fútbol? Por Qué Puede Ser Buena Señal, útil si sospechas que el problema son los minutos y no el fútbol en sí.
Al padre que me preguntó le respondí esto: no decidas el jueves por la noche. Dile que vas a pensarlo, dale a entender que su opinión cuenta, y fija la conversación en serio para el fin de semana, cuando nadie está cansado. En la mayoría de los casos, el “quiero dejarlo” del jueves ya no es lo mismo el domingo. Y si lo es, entonces ya sabes que iba en serio, y ahí tu función deja de ser convencerlo y pasa a ser ayudarlo a salir bien.
*Este relato se basa en un caso real, pero la identidad de la persona se ha mantenido en privado y algunos detalles del contexto se han recreado con fines ilustrativos.*
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