
Una Sesión de Gimnasio a la Semana Basta en Fútbol Sala (y Más Puede Ser Peor)
En el fútbol sala amateur, ir al gimnasio dos o tres veces por semana suele quitar más de lo que da. Por qué basta una sesión bien hecha y cuándo no conviene.
Escrito por
João Araújo
Profesor de Educación Física (FADEUP – Universidad de Oporto) · Entrenador de Fútbol Sala – Nivel II · Licencia UEFA B · Máster en Educación Física
15 años vinculado a la Educación Física en el ámbito escolar, 20 años al entrenamiento de fútbol sala en categorías de formación y 5 años como entrenador de fútbol. Jugador federado y amateur de fútbol y fútbol sala.
En el fútbol sala amateur, la mayoría de los jugadores que van al gimnasio tres veces por semana durante la temporada juegan peor por eso. No mejor. Peor.
Sé que suena al revés de todo lo que se oye. El discurso dominante dice que el jugador moderno de fútbol sala tiene que ser fuerte, explosivo, “estar hecho”, y que el gimnasio es el camino. Estoy de acuerdo con la primera mitad. La segunda es donde el razonamiento descarrila, porque ignora algo que cualquier entrenador de pabellón conoce: el calendario real de un jugador amateur.
Tres entrenamientos en pista por semana. Un partido el fin de semana, muchas veces por la noche. Un trabajo de ocho horas. A veces, un segundo partido entre semana. Encima de todo esto, dos o tres sesiones de gimnasio. La pregunta no es si el jugador se pone más fuerte. Es si llega fresco a alguno de sus entrenamientos.
Lo Que Dice Todo el Mundo (y Por Qué Se Equivoca)
La lógica habitual es lineal: más gimnasio, más fuerza, más potencia, mejor jugador. Si una sesión viene bien, dos vienen el doble de bien. Y tres convierten a un ala en un avión.
El problema es que la fuerza no es el único recurso que el jugador tiene que gestionar. También está la frescura neuromuscular, la capacidad de repetir esprints y cambios de dirección con calidad. Y esa frescura es limitada. Cada sesión de gimnasio pesada deja un rastro de fatiga de 24 a 72 horas, sobre todo en el tren inferior. Si ese rastro cae encima de un entrenamiento táctico de alta intensidad, el jugador entrena ese día al 80%. Si cae encima del partido, juega al 80%.
Hay más. El entrenamiento en pista de fútbol sala ya es de por sí un estímulo neuromuscular enorme. Frenadas, arrancadas, tiros, duelos. Un jugador que entrena tres veces por semana en pista hace cientos de acciones explosivas. No parte de cero como un sedentario que entra en un gimnasio. Parte de una base donde el margen para más volumen es pequeño.
Y el gimnasio de muchos jugadores amateur no es entrenamiento de fuerza para fútbol sala. Es culturismo mal disimulado: pecho, bíceps, máquinas, series al fallo. Tres sesiones de eso por semana traen agujetas, peso extra y ninguna transferencia a la pista.
Lo Que Muestran los Datos y la Experiencia
La investigación sobre el mantenimiento de la fuerza en temporada, hecha sobre todo con futbolistas, apunta en una dirección clara: una sesión semanal de fuerza a alta intensidad basta para mantener lo ganado en pretemporada. En un estudio noruego con jugadores profesionales, los que hicieron una sesión por semana mantuvieron fuerza y esprint durante la temporada. Los que bajaron a una sesión cada dos semanas lo perdieron.
Una. No tres.
Acompañé a un equipo de Segunda División de fútbol sala cuyo entrenador, al empezar la temporada, exigió tres sesiones de gimnasio por semana a toda la plantilla, además de los tres entrenamientos. En octubre hicimos test de esprint de 10 metros y de salto. Comparados con el final de la pretemporada, siete de los doce jugadores habían empeorado. No mejorado. Empeorado. Tres tenían molestias en los isquios. Y la percepción de esfuerzo en los entrenamientos del jueves, el día táctico principal, estaba sistemáticamente por encima de 8.
Bajamos a una sesión semanal bien estructurada, el martes. En diciembre, los mismos test mostraban los valores de pretemporada recuperados en casi todos. Las molestias musculares bajaron. Y los entrenamientos del jueves por fin tuvieron la intensidad que quería el entrenador.
Por eso uso la herramienta de Planificación de Fútbol Sala de SportsLabTools para enseñar al entrenador, y a los propios jugadores, dónde cae cada sesión de gimnasio respecto al partido y al entrenamiento táctico. Cuando el microciclo está dibujado delante de todos, es evidente que la tercera sesión de piernas de la semana está cayendo en el peor día posible.
Cómo Es Esa Sesión Única
Una sesión semanal solo funciona si está bien hecha. Es decir, corta, intensa y centrada en lo que se transfiere a la pista.
Cuándo: dos o tres días antes del partido como máximo, idealmente justo después del día de recuperación. En una semana con partido el sábado, el martes. Nunca la víspera del partido.
Duración: de 40 a 50 minutos. No más.
Contenido: un ejercicio bilateral pesado de tren inferior (sentadilla o peso muerto con barra hexagonal), uno unilateral (sentadilla búlgara o step-up), uno de cadena posterior (peso muerto rumano o nórdico), uno de potencia (saltos o lanzamientos de balón medicinal) y trabajo de aductores y core.
Intensidad: alta, pero lejos del fallo. De tres a cinco repeticiones en los ejercicios principales, con dos o tres de reserva. El objetivo es estimular el sistema nervioso, no destrozar el músculo.
Eso basta para mantener y, en jugadores menos entrenados, incluso para progresar un poco durante la temporada.
¿Y el Jugador que No Quiere Dejar el Gimnasio?
Siempre hay uno. Suele ser el más disciplinado de la plantilla, y precisamente por eso la conversación es delicada. Para él, el gimnasio no es solo entrenamiento. Es rutina, es identidad, a veces es la hora del día en la que desconecta del trabajo. Decirle “ve solo una vez” suena a pedirle que se esfuerce menos.
El enfoque que mejor me funciona no es prohibir. Es separar. La sesión principal de fuerza, con piernas, se queda en una por semana, en el día correcto. Si quiere ir más veces, la segunda visita es de tren superior, movilidad y core, con volumen moderado y sin series al fallo. Brazos, espalda, hombros, plancha. Nada que le deje las piernas tocadas al día siguiente. Así mantiene el hábito sin pagarlo en la pista.
También ayuda enseñarle números en lugar de opiniones. Una vez al mes hago dos test sencillos al inicio de un entrenamiento: esprint de 10 metros cronometrado con el móvil y salto vertical medido con una aplicación de vídeo. Cinco minutos para toda la plantilla. Cuando el jugador que hacía tres sesiones de piernas ve que su esprint mejora al bajar a una, la discusión se acaba sola.
Y está el sueño. Un jugador que entrena en pista de 21:00 a 22:30 y va al gimnasio a las 7:00 del día siguiente para “meter” la sesión antes de trabajar está recortando horas de sueño para hacer fuerza. Es uno de los peores negocios que se pueden hacer en el deporte amateur. La fuerza se gana en el gimnasio, pero se consolida durmiendo.
Por último, qué hacer cuando la sesión única se cae. Semanas con dos partidos, pequeñas molestias, el trabajo que aprieta. Una semana sin gimnasio no hace perder nada. Dos tampoco. La investigación sugiere que la fuerza empieza a caer de forma relevante a partir de tres o cuatro semanas sin estímulo. No hace falta compensar la sesión perdida con dos la semana siguiente. Se retoma la rutina normal y listo.
Conviene decírselo a la plantilla de forma explícita, porque la culpa por la sesión perdida es lo que empuja a muchos jugadores a sobrecompensar. En mi experiencia, la sesión doble de la semana siguiente es de donde salen buena parte de las roturas musculares que he visto en el fútbol sala amateur.
Cuándo Sigue Valiendo la Regla General
No quiero ser absolutista. Hay contextos en los que más de una sesión por semana tiene sentido.
Pretemporada. En las primeras seis a ocho semanas, antes de que el calendario apriete, dos o incluso tres sesiones semanales son adecuadas. Ahí se construye la base que la sesión única mantendrá después.
Jóvenes en formación. Un juvenil de 16 o 17 años que todavía está aprendiendo la técnica de los ejercicios se beneficia de dos sesiones cortas con carga moderada. El objetivo ahí es el aprendizaje motor, no la carga.
Jugadores que vuelven de lesión. Un ala que regresa de una rotura muscular puede necesitar dos o tres sesiones de refuerzo por semana, bajo la supervisión del fisio, mientras todavía no hace los entrenamientos completos en pista.
Profesionales con estructura. En un equipo puntero de la LNFS, con preparador físico, monitorización diaria y jugadores que no trabajan fuera del fútbol sala, la gestión es otra. No tengo claro que la regla de la sesión única se aplique ahí, y sospecho que no. Lo que defiendo aquí es para el fútbol sala amateur y semiprofesional, que es la realidad del 95% de los jugadores.
Consulta también: Prevención de Lesiones en Fútbol Sala: Ejercicios de Propiocepción y Fortalecimiento: los ejercicios que deben ir en el calentamiento, no en el gimnasio.
El jugador de fútbol sala amateur no pierde partidos por no ir una segunda o tercera vez al gimnasio. Los pierde por llegar cansado al pabellón. Una sesión por semana, bien hecha, da todo lo que la fuerza puede dar en temporada. El resto es fatiga con buenas intenciones.
Mira lo que el gimnasio está haciendo de verdad a las piernas de tu plantilla. Usa el Diario del Atleta de SportsLabTools para cruzar las sesiones de fuerza con la fatiga que los jugadores reportan en pista.
*Este relato parte de un caso real, pero se ha preservado la identidad de las personas y del club, y algunos detalles del contexto se han recreado con fines ilustrativos.*
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Llega a septiembre con la temporada entera planificada
Macrociclo, mesociclos mensuales y microciclos semanales con las fechas reales de la temporada, sesiones categorizadas por foco y por bloques técnico-tácticos, y ejercicios con esquema animado. Del Sub-11 al Sénior, de 1 a 5 entrenamientos por semana.